Recientemente, tuve el privilegio de visitar la reconocida Bodega Los Haroldos en Mendoza. Como entusiasta del vino, mi búsqueda de experiencias auténticas y únicas me llevó a este emblemático rincón de la región vinícola más importante de Argentina.

La historia de Los Haroldos comenzó con la visión de una familia que se enamoró de la tierra de Mendoza y decidió dedicar su vida a cultivar uvas de calidad excepcional. A lo largo de los años, han crecido y evolucionado, convirtiéndose en una referencia en la industria del vino, no solo en Argentina, sino también a nivel internacional.
Fundada hace más de medio siglo, Los Haroldos es mucho más que una bodega; es un testimonio vivo de la pasión y el esfuerzo que define la cultura vitivinícola de Argentina. Haroldo Santos Falasco, conocido como “Don Lolo”, comenzó vendiendo sus vinos caminando por las calles de su pequeño pueblo natal, Chacabuco.

De aquí surge el nombre de uno de sus vinos Chacabuco, y la emblemática bicicleta.
Desde el momento en que llegué a la bodega, quedé impresionada por la belleza de los viñedos que se extienden bajo el sol radiante de Mendoza. La hospitalidad fue excepcional, y cada paso del recorrido estuvo lleno de conocimiento y pasión por el arte de hacer vino.
Comencé mi visita a la Bodega Los Haroldos con un encantador picnic en los alrededores de sus instalaciones. Disfrutamos de las empanadas argentinas más deliciosas de todo nuestro viaje, acompañadas de un vino tinto perfecto para el invierno recién iniciado en Argentina.
Luego, exploramos los viñedos junto a uno de los enólogos, aprendiendo sobre las variedades de uva que prosperan en este terroir único. Posteriormente, pasé a la bodega misma, donde pude ver de primera mano el proceso de vinificación, desde la fermentación hasta el envejecimiento en barricas de roble.
Una de las experiencias más destacadas fue la degustación de los vinos premium de Los Haroldos. Desde su célebre Malbec hasta otros varietales sorprendentes, cada copa era un testimonio del meticuloso trabajo y la dedicación que caracterizan a esta bodega familiar.

Cada vino contaba su propia historia, reflejando la influencia del clima, el suelo y la experiencia acumulada a lo largo de generaciones.
Mi visita a Los Haroldos fue mucho más que una experiencia sensorial; fue una oportunidad para apreciar la artesanía y la tradición que dan forma a algunos de los mejores vinos del mundo. Sin dudarlo por un segundo, recomiendo 100% incluir la Bodega Los Haroldos en su itinerario cuando visiten Mendoza.

En resumen, Los Haroldos representa la combinación perfecta de historia, pasión y calidad en cada botella. Agradezco profundamente la oportunidad de haber sido parte de esta experiencia y espero compartir más sobre mi viaje pronto.


