Rías Baixas más allá del Albariño

La región que conocemos por el Albariño recupera una parte menos conocida de su historia con vinos tintos atlánticos, frescos y elaborados con variedades autóctonas.

Decir Rías Baixas casi siempre nos lleva al Albariño. Sin embargo, hubo una época en la que los vinos tintos dominaban esta región de Galicia.

Sí, antes del Albariño hubo tintos.

Durante una reciente cata en Vino Vida, en Hato Rey, descubrimos esa otra cara de Rías Baixas y entendimos por qué sus tintos están despertando nuevamente el interés de consumidores y conocedores.

Una historia que vuelve a la copa

Aunque hoy resulte difícil imaginar Rías Baixas sin Albariño, su protagonismo llegó mucho después. La variedad comenzó a ganar popularidad durante el siglo XX —la primera Fiesta del Albariño se celebró en 1953— y eventualmente se convirtió en el gran motor de la región.

Cuando se creó la Denominación de Origen Rías Baixas en 1988, había menos de 300 hectáreas dedicadas a la variedad que hoy reconocemos inmediatamente en sus etiquetas.

Las tintas, sin embargo, nunca desaparecieron.

Espadeiro, Caíño Tinto, Sousón, Brancellao, Pedral, Castañal, Mencía y Loureiro Tinto son algunas de las variedades autorizadas que hoy permiten recuperar una parte importante del patrimonio vitivinícola gallego.

¿Por qué están regresando?

Porque tienen mucho de lo que buscamos actualmente en una copa.

La influencia del Atlántico y los suelos de granito contribuyen a vinos con frescura, fruta, buena acidez y menor contenido de alcohol. Tintos que se alejan de la idea de que para tener carácter necesitan ser pesados o excesivamente potentes.

También hay una búsqueda creciente por lo auténtico: variedades propias de una región, vinos que hablan de su origen y productores interesados en recuperar esa identidad.

El resultado son tintos ligeros y vibrantes, pero también expresiones con estructura y potencial de envejecimiento.

Del Atlántico a Puerto Rico

En la mesa sorprenden por su versatilidad. Su frescura y acidez los hacen interesantes para nuestra cocina, especialmente con cerdo, carnes guisadas, arroces y embutidos, sabores muy presentes en la mesa puertorriqueña.

Y esa frescura los hace particularmente interesantes para nuestro clima y nuestra gastronomía.

La categoría sigue siendo pequeña, pero crece. En 2015 apenas nueve bodegas comercializaban tintos de Rías Baixas; en 2025 fueron 61, con cerca de 216,000 botellas elaboradas.

Puerto Rico también comienza a descubrirlos. El primer tinto de la denominación llegó a la Isla en 2022 y hoy la oferta se acerca a una decena de referencias.

Degustando la Vida Recomienda

La próxima vez que encuentres Rías Baixas en una etiqueta, mira dos veces antes de asumir que se trata de Albariño.

Busca nombres como Espadeiro, Caíño Tinto o Sousón, sírvelos ligeramente frescos y llévalos a la mesa.

Porque Rías Baixas tiene una historia escrita en blanco, pero también tiene mucho que contar en tinto.

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